20 de abril de 2008

Amor y explosión

Me gusta

abrazar

a mi José...

...y que me explote en las manos...



***Gracias por tus palabras, Una hija de puta con clase...***

21 de marzo de 2008

Mila

El miércoles por la noche salimos a tomar unas copas y acabamos en un pub de ambiente. No habíamos planeado nada, estuvimos cenando en casa de mis padres y teníamos intención de volver a la nuestra, pero los niños se quedaron dormidos y por no despertarlos los acostamos allí. Cuando regresábamos a casa José me preguntó si me apetecía tomar algo en algún bar, y como era temprano, aunque estaba un poco cansada, le dije que sí, que una copita estaría bien. Después de esa y de otras dos copas, fuimos a tomar la última a otro sitio, al que más cerca nos cogía, que era este pub de ambiente del que nos fuimos directamente a casa después de estar allí un ratito, pero no nos fuimos solos...

Además de a dos chicos con los que hablamos un rato en la barra, conocimos a una chica. La vi mientras estábamos hablando con esos dos chicos, y me quedé mirándola fijamente; sería de la edad de mi José y se parecía un poco a una actriz que me encanta. Algunas veces mi José y yo hemos hablado sobre a qué actores y actrices nos gustaría follarnos...

Uno de los chicos se dio cuenta de que yo no paraba de mirar a aquella chica y me dijo, si quieres te la presento. ¿La conoces?, le pregunté, me dijo que no pero que no importaba, sí, sí importa, cielo, si la conocieras me daría igual, pero no conociéndola tú, me presento yo solita, ¿no crees? Por el gesto de su cara vi que no le sentó muy bien mi sinceridad, reconozco que quizá me pasé un poco, pero me parece... un poco infantil, o quizá sea una estrategia que va bien para gente tímida, pero no es nuestro caso. Cosa distinta es que alguna vez mi José y yo hayamos jugado a eso...

Le dije al chico que no se lo tomase a mal, pero que si hacía eso daría una falsa impresión sobre mí, que lo propio de mí era hacer las cosas por mí misma, sin intermediarios.

Me acerqué al oído de mi José, que había estado hablando con el otro chico, y le dije lo de la chica, porque con la música tan alta como estaba no se oía nada si no le hablabas a la otra persona al oído. Mira la chica aquella, la de la blusa roja, ¿a quién se parece? José se puso a mirarla pero no le encontraba el parecido, yo también la miraba y le decía a José que se fijase en los ojos y en la nariz y que se la imaginase pelirroja, la mirada de la chica se cruzó con la mía y se quedó mirándome, miró a mi José, que chasqueando los dedos la señaló mientras me decía el nombre de la actriz a la que se parecía. La chica hizo un gesto de extrañeza y yo aproveché para llamarla con la mano.

Dejó a las cuatro chicas con las que estaba y se acercó a nosotros, intrigada. En cuanto llegó junto a nosotros le dije, no pienses nada raro, es que llevamos un rato fijándonos en ti porque..., perdona, antes de nada, me llamo María, y él es José. Yo soy Mila, encantada. Después de hablar unos minutos sobre diversas cosas, le conté lo de la actriz a la que se parecía, y me dijo que tenía que haberla visto hacía unos meses, cuando se tintó el pelo de rojo. Pues yo quiero verte así, cuando te lo vuelvas a tintar me llamas... Yo te llamo cuando quieras, María, eres guapísima... Así, al oído, y con un tono...

Me dio por reírme, acerqué mi boca al oído de José y mientras llevaba mi mano a su paquete le dije lo que Mila me había dicho y que iba a invitarla esta noche si a él le parecía bien... Claro que le parecía bien. Acerqué mi boca a la oreja de Mila y llevando mi mano a su cintura le dije, a nosotros también nos gustas mucho, pero antes de que pudiera decirle nada más me preguntó si queríamos irnos con ella a su casa. Me volvió a dar por reírme, porque parecía que Mila se me anticipaba en todo, y se lo dije porque si no le iba a extrañar tanta risa, si es que te pareces a mí, te me adelantas, le acabo de decir a mi José que qué le parecía que te invitase a casa a pasar la noche con nosotros. Pues lo que queráis, pero yo no vivo sola, comparto piso con dos de ellas, y señaló al grupo de chicas con el que estaba, y con un chico. Tienen tres habitaciones, una de las cuales la comparten las otras dos chicas, que son pareja. Le dije que entonces prefería que fuésemos a nuestra casa, que estaríamos los tres más tranquilos.

Mila se despidió de sus amigas y nos fuimos de allí. Me subí con ella en el asiento de atrás del coche. No tardamos ni diez minutos en llegar a casa, sin sujetador, con los vaqueros desabrochados, húmedas..., y José con una erección considerable...

Guardé nuestros sujetadores en mi bolso y nos arreglamos lo justito para ir del coche a casa, pero nada más bajar del coche José me dio un morreo tremendo, llevó su mano a mi vientre y la deslizó dentro de mi pantalón y de mis braguitas mientras me besaba, Mila llegó junto a nosotros y nos besó el cuello y las orejas mientras nos acariciaba por encima de la ropa. José dejó de besarme y Mila aprovechó para besarlo mientras me acariciaba la cara y me metía un dedo en la boca. Se lo mordí lo justo para hacerle un poquito de daño, porque quería que nos fuésemos de allí y subiéramos a casa. Vámonos ya...

Nada más entrar a casa Mila me cogió de la cintura y me dio un beso muy suave y lento en los labios, me acarició la boca con su lengua y nos fundimos en un beso lento y delicado. Mientras nos besábamos mi José nos desabrochó las blusas y comenzó a acariciarnos. Acaricié la barriguita de Mila, le desabroché el pantalón y metí mi mano en sus braguitas, donde noté un calor delicioso... Su sexo estaba ardiendo, José ya tenía su torso desnudo, y mientras nos terminábamos de desnudar fuimos a la habitación, sin dejar de besarnos y acariciarnos.

En cuanto entramos, Mila se separó de mí y se tumbó en la cama, boca arriba, se acarició los pechos mientras nos miraba, yo besé a mi José en la boca y fui bajando por su pecho, su vientre..., me arrodillé y empecé a lamerle la polla mientras miraba cómo Mila se seguía acariciando los pechos y me miraba con un deseo en sus ojos que me puso los pelos de punta. Le hice una señal para que se uniese a mí, y entre las dos se la chupamos a mi José, que a los pocos minutos nos hizo parar para llevarnos a la cama. Me subí encima de su polla y empecé a follármelo muy despacio, cogí a Mila de la mano y le hice sentarse sobre el pecho de José para que quedásemos frente a frente y pudiéramos besarnos... Enseguida mi José la cogió de los muslos y la arrastró poquito a poco hacia su boca para comerle el coño, yo me incliné para lamer los pechos y los pezones de Mila, que entretanto me acariciaba y me arañaba la espalda con sus uñas, poniéndome otra vez los pelos de punta...

Mis manos iban del cuerpo de Mila a los huevos de mi José, me encanta acariciárselos y apretárselos mientras me folla, pero me hizo parar con sus manos porque si seguía así iba a hacer que se corriera y no quería todavía... Los gemidos de Mila se hacían cada vez más profundos, volvía besarle la boca, nos dimos un morreo largo y profundo, notaba cómo la polla de mi José poco a poco disminuía de tamaño dentro de mi coño, así que moví un poco mis músculos vaginales, él seguía chupándole el coño a Mila, que me susurró al oído algo así como sois la hostia, entre gemidos, y casi se metió mi oreja en su boca, era como si me estuviese dando un morreo en la oreja, echándome su respiración ardiente y cada vez más acelerada en el cuello, en la nuca... Me cogió de las manos y echó su cuerpo hacia atrás, tensándose, corriéndose con un gemido profundo y lento...

José nos apartó a las dos de encima de él y se acercó a la mesita de noche para coger un condón. Me recosté en el respaldo de la cama, abriendo las piernas, una invitación para Mila, que a cuatro patas empezó a chupármelo... Mi José se situó detrás de ella, se puso el preservativo y empezó a follarse a Mila, que lo hacía fantásticamente con sus labios, su lengua y sus manos, pero un poco incómoda, así que me metí debajo de ella en posición de sesenta y nueve para que mi coño quedara a la altura de su cara, y a la altura de la mía quedaba su coño follado por mi José. Mientras Mila me lo chupaba y José se la follaba, yo le acariciaba los muslos, deslizaba mis manos hasta su vientre y bajaba hasta su coño para masturbarla. Mila me agarraba las piernas y me las separaba más para meter más su lengua en mi coño, la sacaba y me lamía de arriba abajo, hasta llegar a mi culito, que lamió en círculos jugueteando con sus dedos alrededor de él, hasta que empezó a meterme un dedo mientras volvía a chuparme el coño, pasando su lengua alrededor de mi clítoris... Me agarré a su cintura y subí mi cabeza para hacerle lo mismo ya a ella mientras mi José seguía follándola lentamente, Mila me follaba el culo con su dedo a un ritmo constante, muy suave, lubricándolo con su saliva y con mis jugos, sin parar de lamerme... José aceleró sus movimientos golpeándome con sus huevos en la cabeza, me solté de la cintura de Mila y dejé caer mi cabeza sobre la cama porque estaba a punto de correrme, le agarré los muslos y le apreté con las manos, ella siguió chupándomelo y metiéndome el dedo en el culito sin cambiar el ritmo, José la agarró por la cintura y aceleró aún más sus embestidas, y justo antes de que yo empezara a correrme en la boca de Mila, él se corrió...

Nos quedamos tumbados los tres en la cama, acariciándonos sin decir nada, hasta que Mila rompió el silencio para preguntar que cuándo lo íbamos a repetir, pero su tono no era el de una pregunta... En cuanto nos duchemos y tomemos algo, y si te parece..., le dije mientras me levantaba y sacaba el arnés del cajón, probamos esto...

Al cabo de una hora y pico, después de darnos una ducha los tres juntitos, apretados de pie en la bañera, y de tomar algo y charlar un rato, volvimos a la cama. Mientras José iba a por agua a la cocina, le dije a Mila que quería que le hiciese a él lo que me había hecho a mí con su dedito, que quería ver la cara de mi José mientras ella se lo hacía y yo me la follaba a ella, y a Mila le encantó, me dijo al oído, voy a hacer disfrutar a tu marido todo lo que pueda...

En cuanto mi José entró a la habitación, Mila se acercó a él para besarlo, yo le cogí la botella de agua y entre las dos lo tumbamos en la cama. Él se dejó hacer... Entre las dos le lamimos los labios, lo besamos, le chupamos los pezones, le acariciamos todo el cuerpo, se la chupamos... Yo me incorporé y me puse detrás de Mila, le acaricié el coño y se lo chupé un poquito, la dejé chupándosela a mi José y mientras me puse el arnés. En cuanto empecé a follarme a Mila, ella comenzó a abrirle las piernas a José y a levantárselas para poder chupársela mejor... Mientras me follaba a Mila ladeaba la cabeza para ver bien lo que le hacía a mi José... Le chupaba la polla y le masajeaba los huevos, masturbándolo también con su mano, hizo que José echara las piernas hacia arriba y hacia atrás, de forma que su polla y sus huevos quedaban frente a su boca. Le chupó los huevos, se metió en la boca uno, se lo sacó, se metió el otro, sin dejar de masturbarle... Y sin dejar de masturbarle bajó su boca de sus huevos a su culo, lamiéndoselo en círculos, lubricándolo... Volvió a chuparle los huevos y la polla mientras le acariciaba con su dedo la entrada del culito... Yo me estaba poniendo a mil... Sin dejar de chupársela empezó a meterle el dedo, mi José me miraba, yo le mandaba algún besito y le guiñaba el ojo, me mordisqueaba los labios... Sin dejar de follar a Mila, llevé una mano a su coño y comencé a masturbarla, ella seguía chupándosela a José y metiendo y sacando muy despacio su dedito de su culo, la respiración de mi José se hacía cada vez más agitada... Mientras Mila le follaba el culo con su dedo, le chupaba los huevos y le masturbaba, mi José se corrió, llenándose la barriga de semen... Mila lo siguió masturbando lentamente, apretándole la polla hasta exprimirle la última gotita de semen.

Yo estaba excitadísima, tenía ganas de que me follaran, pero José no iba a poder hasta dentro de un rato, aunque podría... Le dije a José que se metiera debajo de Mila y le comiese el coño mientras yo seguía follándomela, y así conseguimos que Mila se corriese en unos minutos. En cuanto se corrió le dije que necesitaba que se pusiera el arnés y me follara... Me quité el arnés y ayudé a Mila a ponérselo, me puse a cuatro patas y con lo húmeda que estaba la polla de Mila me entró enseguida hasta el fondo, mi José nos miraba recostado en la cama, descansando. Mila me follaba muy bien, despacito, metiéndomela hasta el fondo y sacándola casi entera... Empezó a jugar otra vez con su dedo en mi culito, lubricándolo con su saliva... Mientras me metía el dedo en el culito, me sacaba la polla del coño, y mientras me metía la polla, me metía el dedito...

Mi José se deslizó por debajo de mí y noté su boca en mi coño, haciendo círculos con su lengua alrededor de mi clítoris, ejerciendo presión... Mila y José estuvieron así un ratito, hasta que me corrí con los ojos cerrados, en blanco, con un gemido ahogado...

21 de febrero de 2008

Marta cuenta la visita que le hicimos y que ya contó Viqui

Bueno, bueno, yo estoy encantada, el otro día me llamó Marta para decirme que ella también se apunta a lo de escribir y que me ha mandado la visita que le hicimos el otro día. Tengo que decir que Marta me ha dado más trabajo, muchísimo más que Viqui. A Viqui casi no tuve que corregirle nada, pero a Marta... Tiene un montón de faltas, me escribe con k, sin tildes, todo en un solo párrafo, todo lleno de abreviaturas, madre mía, no sé qué va a pasar al final con nuestro idioma...

Cuando lo leí, la llamé y le dije que se lo devolvía, que era muy cortito, que tenía que mandármelo bien escrito y hablar de todo lo que pasó, recreándose en los detalles, describiéndolos, deteniéndose a pensar las cosas que hicimos para tratar de reflejarlas en su escrito, que no valía que contase sólo lo que pasó en el probador, ¿o acaso lo único que hicimos en el probador fue echar un polvo? No, claro que no...

Ayer me llamó y se vino a casa para que le ayudase a escribirlo, y tengo que decir que quizá la haya ayudado más de lo necesario, pero no había forma de que ella solita escribiese un par de folios sobre aquella tarde. Después de haberlo escrito acabamos las dos tan excitadas que nos dimos un homenaje rápido en la cama..., pero el pobre de mi José, que llegó un poco tarde del trabajo, se lo perdió :(... Lo que más me ha gustado es que ayudarla a redactarlo me ha servido para meterme un poquito en su cabecita y ver lo que pasaba por ella mientras lo hacíamos y, sobre todo, para darme cuenta de que tiene mucha razón en lo que dice sobre los besos y las caricias, a los que no les dedico tanto tiempo cuando escribo nuestras cositas pero a los que, en cambio, sí dedicamos mucho tiempo cuando nos amamos.


LO MEJOR DE LAS REBAJAS

No sé muy bien por dónde empezar, pero a ver, el miércoles me pasé la mañana con la cabeza ocupada con María y José, que iban a venir por la tarde para comprar unas cosas que le reservé a María que estaban muy bien de precio, pero María me puso la condición de que les enseñara los probadores, y a ver, al final me convenció, pero de todas formas no iba muy convencida, porque sólo pensar en si nos pillan..., qué vergüenza.

Pues cuando vi entrar a María y José se me aceleró el pulso más de lo que lo tenía. Al principio traté de no mirarlos para no desconcentrarme y terminar de atender a una mujer mayor que estaba viendo unos sujetadores, pero es que ya no tenía la cabeza nada más que en ellos.

Se quedaron detrás de la mujer mirándome los dos, qué mirada, pensaba que se me iban a comer allí mismo.

Mi corazón cada vez latía a más velocidad. La mujer mayor me preguntaba cosas sobre las prendas pero es que ya no podía más, no podía atenderla más porque detrás de ella estaban María y José, ella con sus ojazos pintados clavados en los míos y sus labios rojos llamándome, y él mordiéndose un poco el labio y entresacando un poquillo la lengua, rascándose las mejillas y la barbilla con su mano, o bueno, no rascándose, acariciándose, si parecía que me estaba llamando.

La mujer me pidió el modelo que estaba viendo pero en verde. Lo tenía en una cajita detrás de mí, pero le dije que no nos quedaban, que mañana nos llegaban. Entonces se puso a preguntarme otra cosa.

La mujer no se iba, no había forma. Luego por la noche cuando volvimos a hablar por teléfono les comenté esto, la pesadez de la señora, pero resulta que la mujer no estuvo tanto tiempo como yo pensaba, aunque a mí se me hizo una eternidad. La mujer por lo que se ve estaba pasando el rato. Menos mal que ya se iba, y mientras se daba la vuelta María elevó la voz dirigiéndose a mí y me dijo:

-Perdone, señorita, ¿el conjunto que nos dijo ayer le ha llegado? Para ir probándomelo a ver si le gusta a mi marido...

Muy formalita María, muy educada, pero vaya tono de voz y vaya forma de comerme con los ojos... Yo estaba superexcitada, y aquella mujer que no se iba me estaba poniendo nerviosa.

Pero no había forma. La mujer se quedó parada mirando otra cosa que había junto a José y estaba impaciente por preguntar algo, cómo me las conozco ya a todas. Le di a María unos conjuntos que le había guardado que estaban muy bien y rebajados y les dije que los probadores estaban al fondo y que enseguida me acercaba por si necesitaban algo.

Se supone que todo eso, todo lo que llevo contado pasó en tres minutos, o cuatro, según ellos, pero a ver, a mí se me hacía larguísimo.

Pero al final llegué a la puerta del probador donde se habían metido María y José. Elevando la voz para ser natural les pregunté si necesitaban alguna cosa, aunque me salió un gallo de la garganta que no fue natural. María, en cambio, tan campante:

-¿Puede pasar un momento, señorita? Quiero que me diga qué tal me queda esto, porque mi marido no se aclara, para variar.

Mi compañera pasó por allí, porque al final de los probadores está la puerta que da al almacén. Yo estaba nerviosita perdida, convencida de que allí todo el mundo sabía lo que pasaba.

-Sí, a ver...

María no se estaba probando nada. Estaba vestida, igual que cuando llegó a la tienda, pero José estaba desnudo de cintura para abajo, y yo no me esperaba eso, me esperaba algo más light, ¡que estaba en mi trabajo! En cuanto entré María cerró la puerta del probador y empezó a besarme por atrás, en las orejas y el cuello, tocándome el cuerpo. José se puso en cuclillas y me bajó las braguitas, María me subió la falda, José empezó a chupármelo, a mí casi me da un ataque de pánico allí dentro, porque me puse a pensar que si nos pillan así yo me quedo sin trabajo inmediatamente y sobre todo qué vergüenza, me muero, aunque lo que me moría era de gusto con José chupándome el coño y María acariciándome y besándome, y acariciándome...

Las caricias y los besos... Creo que María cuando escribe lo que hacemos no se detiene tanto en eso, y creo que debería hacerlo porque ellos mismos le dan mucha importancia aunque luego ella no insista cuando lo cuenta. Hemos pasado mucho tiempo acariciándonos y besándonos, sólo eso, a mí me sorprendió el tiempo que dedican a acariciarse y besarse, suavemente, delicadamente... Tumbados en la cama, desnudos. Y entonces una mano se desliza por tu pierna mientras otra mano acaricia tu espalda, o tu barriguita. Un beso en el cuello, en el hombro, en la mano. Caricias. Besos y caricias. Un beso en la frente. ¡Un beso en la frente! Llega un momento en que un beso en la frente es casi un orgasmo...

-¿De éste tiene una talla menos? -preguntó María en voz alta mientras alejaba su boca de mi cuello-. Y si lo tuviera en un color más encendido quizá, pero no, espere y me pruebo éste... -o algo así decía-.

María me soltó los botones y metió sus manos por mi blusa, sin dejar de besarme desde atrás. En realidad me estaba abrazando, protegiéndome. Yo me sentía así, resguardada entre los brazos de María. En realidad siempre me siento así cuando estoy con ellos, a salvo, segura.

Me preguntó si quería levantar la pierna. Me lo preguntó al oído, rozando sus labios con mi oreja. Su aliento se me metió hasta en el cerebro. José se había reincorporado y estaba poniéndose un condón. Levanté la pierna, María me ayudó a mantenerla y José se acercó y me folló. Las manos de María se repartían entre ayudarme a mantener la pierna y tocarme el clítoris, pero su boca seguía en mi cuello, como desde que empezó. Sus Besos... que sólo interrumpía para decir en voz alta:

-Éste me queda estupendo, ¿no, cielo? -A mí nunca se me hubiera ocurrido hablar mientras lo hacemos en unos probadores, pero a ver, naturalidad al poder-. ¿A usted qué le parece, señorita? Pues nos vamos a llevar éste y éste...

Y mi orgasmo, que me vino con las embestidas lentas de José, las Caricias que María me hacía en el coño y los Besos que me daba en el cuello...

No tenía forma de seguir manteniendo la pierna en alto. La polla de José salió de mí. Me arrodillé, le quité el condón y se la chupé. María ahora me acariciaba los hombros con sus manos, me acariciaba el pelo, las mejillas, mientras se la chupaba a José. Se corrió enseguida, me llenó de semen la boca y la cara, y María enseguida me limpió con un pañuelo de papel, se inclinó y me dio un morreo de muerte.

Mientras me abrochaba la blusa, María me ponía las braguitas y me arreglaba la falda, mientras me decía que llevaba un chupetón detrás de la oreja, que igual si me lo tapaba con el pelo no se me notaba, pero que luego le preguntase a Álvaro si él sabía quién me lo había hecho (eeeyyyy!! ¡¡nos casamos dentro de unos meses!!:)))).

María me dijo en voz baja que iba a hablarme en voz alta, que me preparase para salir. Nada más salir del probador me empecé a arreglar el uniforme, algo absurdo porque María me lo acababa de atusar todo muy bien, supongo que el subconsciente nos traiciona, y la culpabilidad, y fue mala suerte porque mi compañera justo salía del almacén y se me quedó mirando con una curiosidad malsana...

Pocos minutos después salieron María y José igual que habían entrado. María se llevó dos conjuntos preciosos, uno rojo y otro celeste. Lo único que me supo mal fue no poder darles unos besos en la boca allí, en el mostrador, delante de la gente, para despedirme de ellos...

16 de febrero de 2008

María y yo conociéndonos. Divagaciones. De sexo no solo vive el hombre

María y yo llevamos unos días hablando acerca de un tema que es, sin duda, bastante interesante y que nos ha ocupado bastantes horas de reflexión y de conversación. Nosotros dedicamos mucho tiempo a hablar sobre religión y política, sobre los tabúes y los prejuicios, y lo importante que es, no tanto la capacidad inmediata para superarlos, sino a qué conclusiones provisionales vamos llegando y cómo las vamos asumiendo y reinterpretando.

Nuestra vida es un camino de autoconocimiento y liberación. Con autoconocimiento quiero decir cómo yo me conozco a mí mismo, pero ese conocimiento de mí mismo me lo proporciona también la medida en la que conozco a los demás. Sólo una vez que nos conocemos podemos liberarnos de los prejuicios con que la sociedad nos ha ido cargando a lo largo de la historia. Es más que evidente, si algo puede ser más que evidente, que la religión ha jugado un papel definitivo en el encorsetamiento del individuo en unos moldes preestablecidos de conducta. Es indudable. Este encorsetamiento impide que muchas personas gocen de los placeres que la vida, naturalmente, ofrece, porque ya han asimilado a nivel de subconsciente que hay ciertos placeres que son malos, pecaminosos.

Cuando conocí a María, yo tenía algunos tabúes, pero con su compañía llegó un momento en que me dije: “Hasta aquí hemos llegado”, y los tiré por la borda, prejuicios y tabúes arrojados al pozo del olvido, al menos en una gran parte. Soy consciente de que aún me queda algún resto, pero espero tirar lo que me queda de lastre dentro de poco.

Yo no sé cuándo fue exactamente, pero me liberé. Me liberé de la losa que nos pone encima del alma la religión, de las cadenas con que la política nos rodea. Me liberé. Esta liberación se traduce en un principio de naturalidad, y esto fue lo que a María le llamó poderosamente la atención de mí.

Nos costó tiempo, pero poco a poco, conversando, charlando, hablando las cosas y comparando, conseguimos superar tabúes. He dicho que conseguimos, en plural. Ella también tenía los suyos y nos preguntamos que por qué íbamos a superar unos sí y los siguientes no. No obstante, no hay que precipitarse, no vale la pena lanzarse a la piscina a la primera de cambio. Hay que aprender a nadar primero. Nosotros nadamos juntos. Siempre nadamos juntos, y nadando llegamos de la piscina hasta el río, y el río nos llevó al mar, a la inmensidad, lo ilimitado.

En realidad, este tipo de tabúes de los que hablo son muy parecidos a las convicciones políticas arraigadas en muchas personas que defienden a capa y espada algo pero que, sin embargo, no son capaces de ver que lo que hacen lo hacen por una pura cuestión educativa. Estamos determinados por el medio en que vivimos. Según sean las inclinaciones políticas del ámbito o de los ámbitos en los que crezcamos, así saldremos. A no ser que nos preocupemos en reflexionarnos y pensarnos. Si no nos pensamos, si no nos reinventamos, nos quedamos en el mismo sitio donde nos pusieron nuestros ascendientes, nuestros compañeros, nuestros educadores. Si en vez de nacer aquí hubieses nacido allí, no pensarías esto sino aquello, y no serías católico sino musulmán o budista. Así de relativo y de endeble es el pensamiento político y religioso. En realidad no hay pensamiento político ni pensamiento religioso. Hay tradiciones políticas y religiosas que se asumen, se modifican, se reinterpretan, etcétera, pero sus finalidades siempre tienden hacia el mismo punto.

Por eso nosotros decidimos liberarnos de tabúes y prejuicios. Somos felices, extremadamente felices; tenemos amigos que nos comprenden y que comparten nuestra visión de la vida, del mundo; crecemos juntos, con ellos, y nos esforzamos por ser sinceros, algo que a veces cuesta, cierto, pero sólo hay que abrir la boca y decir lo que pensamos. Dicho lo que pensamos, sólo resta hablarlo entre todos. Abrir la boca para eso puede costar horrores, la vergüenza puede atenazarnos hasta lo insoportable, pero nuestra boca, naturalmente, aguarda a que la abramos para decir lo que pensamos. Sólo nuestra mente, maleada por el lastre de las religiones y de la política (de nuevo: vergüenza, hipocresía, temor, miedo, avaricia...), nos obliga, de modo subconsciente, a no hacer lo que deseamos.

Y eso es triste. Nuestros deseos, nuestras aspiraciones a la felicidad, a compartirlo todo con las personas que queremos, truncados por las normas y principios y costumbres y formas de conducta impuestas por gente que, a lo largo de la historia, ha puesto de manifiesto su carácter retrógrado, reprimido, infeliz, patológico.

¿Acaso Dios no se hizo una Trinidad? Un Trío, con mayúsculas, erigiéndose en fundador del universo.

Y, aún así, con toda la calma y tranquilidad que acumulamos, nos vemos obligados a contenernos. Por no matar de un disgusto a nuestros padres, que aún creen en el Infierno y en la existencia de una María virgen e inmaculada...

Todo esto venía porque el otro día estuvimos hablando sobre religión y política y llegamos a unas conclusiones provisionales interesantes. Provisionales porque toda conclusión tiene que ser provisional. Si en un tema hubiera unas conclusiones definitivas querría decir que el tema ya está cerrado a discusión, pero eso sólo pasa en las ciencias matemáticas y, en general, en las ciencias experimentales, cuando se demuestra científicamente algo. 2+2 son 4 y ya está. Conclusión definitiva. Pero en las ciencias humanísticas -religión, política, filosofía, filología, historia, derecho, etc.- no puede haber conclusiones que cierren y concluyan el tema de forma definitiva. Por eso cada vez que abordamos un tema para debatirlo las conclusiones son provisionales.

En el caso concreto comenzamos hablando de la educación y de cómo ésta determina al individuo, pero también de cómo hay casos en los que el individuo escapa de ese determinismo. La cuestión fundamental es cómo la inculcación de ideas religiosas en una persona desde que ésta es pequeña puede determinar que, cuando la persona es mayor y tiene o debería tener capacidades críticas en su pensamiento, esa persona sea incapaz de cuestionar o poner en tela de juicio ciertas ideas que ha asumido como verdades incuestionables porque se le ha educado así.

El caso paradigmático lo tenemos en la religión y en la política. Hay gente a la que no se le puede cuestionar la existencia de Dios porque no lo acepta, hasta el extremo de que reniegan de los descubrimientos científicos y de la investigación en beneficio de la humanidad por mantener a salvo esos principios fundacionales que les inculcaron cuando eran pequeños, y hasta qué punto serán poderosos en el subconsciente que el individuo es incapaz de, siquiera, distanciarse un poco de ellos y plantearse que, quizá, “su verdad” no es “la verdad”, algo que muchas religiones superan con sofismas. El catolicismo, por ejemplo, parte de que Dios existe, y de que Dios ha delegado su autoridad en la Iglesia, con la peculiaridad de que la Iglesia reunida en concilio, formado por el papa y los obispos, puede adoptar decisiones que son infalibles. Dogmas. Palabra de Dios. Claro, de esta forma la Iglesia centra todo el poder de decisión en una serie de personas, que se arrogan la facultad de decidir qué es mandato de Dios y qué no lo es. Y eso es demasiado poder: ¡deciden qué es lo que Dios quiere! Si nos paramos a pensarlo es muy duro. Si yo fuera Dios ya habría hecho algo. Pero Dios, si es, no puede ser comprendido ni remotamente por el insignificante cerebro humano. ¿Cómo va a comprender el hombre, ser finito, a Dios, ser infinito? Es imposible. Pero las estructuras de poder de la Iglesia lo han encaminado todo a que parezca que sí, que sí es posible, y no sólo eso, sino que, además, han elevado a dogma, por decisión unilateral, que Dios lo ha querido así. Qué arrogancia.

Esto, a otro nivel, tiene un reflejo en un tabú social tan elemental como el desnudo: ¿quién no ha soñado alguna vez que sale desnudo a la calle, o que va desnudo al colegio, o al trabajo...? Todo el mundo lo ha soñado, así que imaginad cómo tiene que ser de poderoso ese tabú, esa convención social que se le impone de forma implícita y explícita al niño desde su más tierna infancia. Y ése sólo es un tabú. Hay miles, y depende de hasta qué punto se le hayan inculcado al individuo para que sean más o menos fuertes.

En política ocurre lo mismo. Por regla general, una persona tiene los mismos principios políticos que sus padres o su círculo de amigos, y según la insistencia con que éstos se los hayan inculcado y ella los haya asumido, así de difícil le resultará liberarse de ellos.

Así que todo se reduce al individuo condicionado por una u otra educación en su familia/colegio/amistades, pero el peso decisivo posiblemente esté en la familia, que debería tratar de no determinar y encaminar al niño hacia determinados caminos políticos o religiosos, dejarle más libertad, lo que no quiere decir dejarlo a su suerte y que termine pensando como su pandilla de amigos. Más libertad significa más información, más libros, más lecturas. Si leemos, nos damos cuenta de que no hay nada nuevo. Los mitos de la Biblia se repiten y multiplican en las distintas religiones del mundo.

Como veis, la política y la religión me apasionan. No, en serio, son dos fenómenos muy curiosos, porque una vez que la persona ha hecho suyos unos determinados principios, es prácticamente imposible hacerle, no ya cambiar de opinión, sino que admita que otros puntos de vista son tan válidos como los suyos.

Conclusiones provisionales. De momento hemos concluido que hay que desprenderse del lastre político/religioso que tenemos. El político afecta sobre todo a la vida en sociedad; el religioso, a la vida individual. Lo del desnudo es un lastre religioso del que no se va a desprender la humanidad. No en vano son 2000 años de amenazas con suplicios eternos en el infierno, que el subconsciente colectivo ha asimilado, aunque de un tiempo acá ese mismo subconsciente colectivo parece que, aunque lentamente, se va librando de sus ataduras.

12 de febrero de 2008

Un regalo para nosotros (y un homenaje para alguno de nuestros lectores)

Ayer estuve hablando con Viqui por teléfono y le comenté que mi José y yo hemos pensado en imprimir algunos ejemplares del blog en formato libro, también se lo dije a Marta, pues a ella y a Álvaro también les encantará tener uno, así que al final vamos a imprimir siete ejemplares -uno para cada uno, y que sobre uno-, con casi todas las entradas del blog y algunas que nunca publiqué, y también algunos de nuestros poemas eróticos, pero no vamos a incluir casi fotos, sólo cuatro o cinco, que no han salido ni saldrán en el blog, claro, para darle un toque de exclusividad, aunque serán en blanco y negro, porque si no el precio de la impresión se sube mucho y no estamos para derroches, pero me hace mucha ilusión darnos el capricho, siempre me ha gustado leer y la verdad es que nunca imaginé que llegaría a imprimir un libro, como hacían algunos escritores y filósofos que se los autoeditaban, como Huidobro, Kierkeggard, Mark Twain e incluso algún personaje de película, como Oliverio Fernández, de El lado oscuro del corazón, un poeta que recitaba poemas en los semáforos para pedir limosna, que colgaba sus poemas después de escribirlos de unas cuerdas de tender la ropa tiradas de pared a pared de la cocina...). Y si el blog sigue como hasta ahora, quizá dentro de dos o tres años imprimamos otro librito, me encanta la idea y me anima mucho!

¿Por qué os suelto este rollo? Porque he pensado que, como homenaje a los lectores del blog, voy a regalar uno de los libros que imprimamos, hemos decidido sortearlo, así que me podéis empezar a enviar e-mails (con el asunto SORTEO BLOG, para que no se me pase ninguno;). Más o menos saldrán unas 250 páginas, pero como tampoco vamos a hacer una edición de lujo no creo que nos cueste mucho, y ya veremos cómo están los precios en las imprentas, así que según estén saldrá la edición de cuidada.

Para evitar que una persona participe con varias papeletas, no sé cómo podría hacerlo... Lo que no puedo es sortearlo únicamente entre todos los mensajes de correo que me lleguen para participar en el sorteo, porque alguien podría enviar desde varias direcciones y sería injusto para los demás, así que he pensado que quien quiera participar tendrá que fiarse de nosotros y enviarnos en el e-mail su dirección física (no importa que sólo sea el nombre de la calle sin especificar ciudad; es para evitar lo que ya he dicho), y a quien le toque le pediré el nombre y apellidos para enviárselo, sin remite, claro... Conforme me lleguen vuestros mensajes los iré imprimiendo y borrando de mi correo para evitar que haya datos personales por ahí. Y cuando hagamos el sorteo destruiré todos los datos que tenga, por supuesto, salvo la dirección ganadora ;). Un plazo de tres meses está bien para que todos tengáis tiempo de ver esto y, si queréis, animaros a participar. El libro, por supuesto, irá dedicado... Y, por supuesto, confío en que, a quien le toque, no reproduzca las fotos que incluyamos en él, pues la intención es que se trate de algo exclusivo, un pequeño tesoro, una joya en blanco y negro que huela a bocas y a sexos...

De todas formas, si fueseis demasiados me daría pena dejaros sin nada, así que podría imprimir algunos ejemplares por encargo de quienes deseen uno, aunque esto no sé cómo hacerlo, porque no puedo daros mi número de cuenta para que ingreséis lo que cueste la impresión, la encuadernación y los gastos de envío, porque sabríais mi nombre o el de mi José, así que esta opción aún no sé si es viable. Además, otro inconveniente es que no podríamos enviarlos por correo certificado, porque no quiero poner remite, y tampoco se trata de que pongamos uno falso, pues lo importante es que el libro llegue a su destino, y sin remite, si el libro no llega a su destino no sé a dónde iría a parar, pero tampoco me gustaría que alguien pensara que, después de habernos dado el dinero para pagar la impresión, encuadernación y gastos de envío, no le hemos enviado el libro, me haría sentir mal, e incluso alguien podría decir que no le llegó el libro aunque le hubiese llegado, en fin, no sé si haremos esto último y, si lo hacemos, cómo lo haremos.

Si el ganador fuese alguien de otro país (¡gracias por decirlo, Marilú!), según cuánto cueste el envío lo mandamos, aunque si vale demasiado lo podríamos enviar contra reembolso...

Espero vuestros mensajes y vuestras sugerencias.

***Besitos lascivos***