2 de julio de 2009

A oscuras

Éramos tres sentidos.

Sobre la cama deshecha éramos todo gusto y tacto y olfato.

A oscuras, con las persianas bajadas y el aire acondicionado encendido, éramos todo cuerpos desnudos gustándonos y tocándonos y oliéndonos.

No sé cuántas manos, cuántas decenas de dedos me recorrieron, cuántas lenguas me besaron, cuántos labios tatuaron sobre mi piel la incandescencia de su deseo.

Sólo sé que disfrutamos a oscuras, con las persianas cerradas y las piernas abiertas, las bocas prestas y tardas las manos, todo suave y muy despacio, hasta el orgasmo que a cámara lenta hizo que el telón se cayera y se cayeran los párpados.

Después, entre bambalinas, bajo las sábanas, todo besos, sólo abrazos, a oscuras, en su regazo, bajo sus labios, entre sus manos, y luego el sueño y el descanso.

22 de junio de 2009

Me gustas cuando fallas

Me gustas cuando fallas, pues me pones caliente,
y oyes mis jadeos, y mi voz te desboca.
Parece que tu cuerpo estuviera salido
y tu sexo se pone duro como una roca.

Como todas las ropas están entre las sábanas,
emerges de la cama, llena de piernas mías.
Luciérnaga de fuego, te hundes en mi llama
y te hundes y me llenas de estrellas y energías.

Me gusta cuando fallas y estás como anhelante.
Y estás como gimiendo buscando lo que es tuyo.
Y escuchas mi deseo, y te acucian mis ganas:
Oblígame a callarme metiéndome... tu orgullo.

Déjame que te acucie también con tu instrumento
presto como una daga, veloz como un cuchillo.
Eres como una antorcha, lenguas y llamaradas.
Tu instrumento es a veces un inquieto bolillo.

Me gustas cuando fallas, pues me pones caliente,
y mi mano impaciente lo agarra con acierto.
Guío entonces tu sexo y al fondo se desplaza.
Y estoy alegre, alegre porque me has cubierto.

3 de junio de 2009

Tus piernas

Siempre he querido elásticas tus piernas,

flexibles como el junco, y voraces

como monstruos nocturnos que traspasan

las sábanas y reptan hasta el filo

mismo de nuestras almas.


Porque siempre

he querido tus piernas tan elásticas,

poderosas y hambrientas, decididas

siempre a ser bellas lianas tan lascivas

que se olvidan del tiempo y me conquistan

las caderas, por someter mi cuerpo

al ritmo que te marcan los gemidos.


Tus piernas, siempre fuertes y abrazando

mi cintura, cabalgan hacia el clímax.

7 de mayo de 2009

De(s)v(b)o(ca)ción


Tótem.


Ídolo con dolo,

a conciencia,

reafirmativamente.


Divinidad.


Tentadora sin tiento,

sin ambages,

titánicamente.


Efigie.


Supremacía del ser,

presencia pura,

insuperabilidablemente.


Talismán.


Portento que siente

sin límites,

gociferatacantemente.


María.


Toda ámbar y toda nácar,

tanta carne y tanta alma,

infinitivísimamente.

6 de mayo de 2009

La lentitud

Despacio voy, y tranquila.

Cuando recorro tu piel
me deleito en cada poro,
me demoro en cada esquina,
cada pliegue, cada surco.

No tengo ninguna prisa.

Déjalo que se detenga,
el tiempo, que se haga brisa
y que en la cama, herido,
apenas se nos escurra.

Déjalo que nos observe,
y que se muera de envidia.

Déjalo.

Déjame que lo retenga,
tu cuerpo, que se haga orgía
inmortal entre mis manos
y mis calmosas caricias.

Déjame que los derrame,
mis besos, y que divida
mi lengua sobre tu cuerpo
para arrancarte, remisa,
los gemidos, los orgasmos,
fotogramas que transcurren
y que ya se precipitan.

4 de mayo de 2009

La furia

Caníbal soy, y carnívora.

De tu carne me alimento,
de tu cuerpo, de tu sexo.

Por eso sólo deseo
abrasarme, ¡ser cenizas
en la noche de tus uñas!,
para entonces reintegrarme
-¡ser brasa y después fuego!-
en la plata de tus dedos.

Sólo vivo contemplando
tu tentación al desnudo,
¡provocación de tu ser,
incitación de tus manos,
veneno de tu pecado!
Tal centro gravitatorio
donde desploman mis ojos
sus pupilas como abrazos.

Entonces exhausta yo caigo,
sobre tu pecho rendida
tras la pasión consumida
por el furor del orgasmo.


2 de mayo de 2009

Besitos...

... a Almadormida

por recordarnos el día de ayer

con ese post tan bonito.

30 de abril de 2009

Respiración

La pura resurrección

reconcentrada en sus besos.

La más salvaje pulsión

palpitándole en el sexo.

La constante redención

anidándole en el pecho.


Y sólo la salvación

en su boca, en sus dedos,

en el labio que le muerden

los gemidos y el silencio,

que se alternan con un ritmo

ad orgasmum in crescendo.

15 de febrero de 2009

Los pechos de María

Sus dimensiones rozan las tres cifras.

Duermen vendados, ciegos, mas desprenden

una magia que atrae desorbitados

ojos, incandescentes manos, lenguas

imaginadas, bocas insaciables

de lascivos transeúntes que, sonámbulos,

olvidan su trayecto unos segundos

al ver un horizonte de dos cumbres

donde dormir quisieran unas horas.


Péndulos breves, trazan en el aire

parábolas de doble simetría

en contra de la ley gravitatoria.


Cuando ella los despoja de sus cunas

de algodón, me reclaman lengua y labios,

dientes y manos, dedos y algún órgano

que triplica el tamaño ante el contacto

primero de su aliento y de su piel.


Son sus dos blancos senos, sus dos pechos,

que culminan en dos porosos picos

que, hipnóticos, se erizan y endurecen

cuando en ellos mi sed de sexo sacio;

y qué señales mandarán sus nervios

que todas las pupilas de María

se consumen y sólo quiere entonces

morir mientras me ahogo degustando

la blanca pulpa de su orquídea rosa.

6 de febrero de 2009

Donde habite lo húmedo

Donde habite lo húmedo,

en los profundos abismos sin luz de su entraña;

donde yo sólo sea

una lengua sublime que recorre paredes de carne

y precipita su cuerpo,

las papilas abiertas como pechos sangrantes,

para beber el licor de su sexo.


Donde el tiempo se estanque,

donde relojes carezcan de agujas;

allá donde enfrente mis labios

a otros labios mayores, arcanos,

y mi lengua fallezca persiguiendo la esfera

que sus pliegues custodian celosos.


Donde esté el movimiento sometido

a la cámara lenta

del gemido que su boca pronuncia;

donde mi nombre sólo sea recuerdos de letras

que se pierden en el bosque de su aliento incendiado.


Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

donde mi esencia escape de su cárcel,

de este cuerpo que limita,

aferrada a las alas de ese ángel divino

que me asciende a las regiones supremas.


Allá, allá entre sus piernas;

donde habite lo húmedo.